Volatilidad en Chicago
El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente y el retorno de las compras chinas dispararon los precios, llevando a la soja a niveles estratégicos.

El tablero geopolítico mundial ha vuelto a sacudir las pizarras de los mercados de granos. El estallido de un nuevo capítulo de hostilidades entre Irán, Estados Unidos e Israel provocó una reacción en cadena que comenzó en el mercado del petróleo y se trasladó rápidamente a los commodities agrícolas. La soja, en este contexto de alta volatilidad, logró escalar hasta la zona de los US$ 330 por tonelada, impulsada tanto por el encarecimiento de los biocombustibles como por factores especulativos.
En el centro de la escena aparece China. Tras el receso por el Año Nuevo Lunar, el gigante asiático regresó al mercado con rumores de compras masivas de soja estadounidense, lo que inyectó optimismo en Chicago. Sin embargo, para Sudamérica el efecto es matizado: mientras Brasil avanza con una cosecha que promete ser récord —cercana a las 180 millones de toneladas—, la presión de esa oferta masiva podría actuar como un techo para los precios locales en el corto plazo.
En Argentina, el mercado interno vibra con sus propias tensiones. La posibilidad latente de una modificación en los derechos de exportación ha generado una ola de coberturas y operaciones. Los analistas advierten que, si bien la coyuntura externa ofrece ventanas de oportunidad, el productor debe estar atento a la rapidez con la que estos picos de precios suelen diluirse una vez que la incertidumbre bélica se estabiliza.
