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Próximos a la siembra gruesa, el manejo de malezas vuelve a cobrar presencia y se aborda la preparación del barbecho, con influencia decisiva para el éxito del siguiente cultivo. Acumular agua y nutrientes, especialmente nitrógeno es elemental; de paso se controla la erosión hídrica con cultivos de cobertura como parte del planteo de siembra directa.

Desde la Red de Manejo de Plagas de Aapresid señalaron una serie de pautas para evitar que la residualidad prolongada de algunos herbicidas pueda afectar al cultivo a sembrar. Se realizaron una serie de recomendaciones para evitar que el uso de herbicidas residuales pueda provocar fitotoxicidad en el cultivo a sembrar.

La presencia residual en el suelo es efectiva para manejar la competencia temprana de las malezas, lo que es crucial en sistemas de siembra directa dado el contexto de biotipos resistentes que complican el control.

La valorada persistencia de estos herbicidas es un arma de doble filo, cuando, en ciertas ocasiones, se acumulan concentraciones que son perjudiciales para los cultivos sucesores, lo que se conoce como “carry-over”. De aquí la necesidad de conocer bien las características de cada herbicida y su interacción con el suelo y el ambiente, para evitar problemas de fitotoxicidad. La degradación de los activos se ve comprometida por la escasez de precipitaciones, que viene dándose.

La mayoría de los herbicidas preemergentes requieren una lluvia significativa de al menos 20 mm para incorporarse al suelo. Al aplicar estos productos cerca de una precipitación se evitan escapes de malezas antes de la incorporación.

La diferencia entre los herbicidas iónicos o no iónicos, por ejemplo, flumioxazin, pyrozasulfone, s-metolacloro, acetoclor, diflufenican, entre otros, son los que más adherencia tienen al rastrojo. Por lo tanto, requieren una mayor atención a los pronósticos de lluvias, siendo ideal que no transcurran más de 7 días hasta su incorporación.

Las diferencias que existen entre los distintos grupos, la cantidad de lluvia, la temperatura, la cantidad de rastrojo y las cualidades de suelo, también influyen en la degradación de los principios activos.

El manejo de herbicidas debe considerar rotaciones de modo de acción para evitar la selección de biotipos resistentes. No repetir el mismo tratamiento año tras año es clave para mantener la eficacia de los herbicidas y evitar la resistencia.

Con la estudiada planificación de la secuencia de herbicidas, la integración de estrategias, como el uso de cultivos de servicios, puede marcar la diferencia. Debido a que ocupan el suelo durante períodos más largos, ayudan a controlar las malezas por competencia y reducen la necesidad de aplicaciones químicas, minimizando el riesgo de fitotoxicidad para el cultivo sucesor.

El barbecho corto, realizados entre 60 y 30 días antes de la siembra facilita llegar con menos malezas, facilitando el control con herbicidas preemergentes y postemergentes. Estos últimos, se utilizan para controlar malezas ya emergidas, y algunos también pueden tener una persistencia en el suelo con riesgo de fitotoxicidad para el cultivo.

Ejemplo de ello son los graminicidas del grupo Accasa, como el cletodim y el haloxifop, que pueden causar fitotoxicidad en cultivos como trigo y maíz si no se manejan adecuadamente.

Asimismo, algunos residuales pueden tener efectos, interactuando con los postemergentes de manera sinérgica o antagonista, lo que requiere una planificación cuidadosa para evitar efectos negativos. El manejo de malezas y la seguridad del cultivo sucesor dependen de una planificación cuidadosa e integrada al uso de herbicidas.

La práctica adecuada maximizar la eficiencia de los herbicidas residuales a la vez que minimiza los riesgos, asegurando una campaña exitosa.

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