Panamá tiene un plan de anticrisis hídrica

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El Canal de Panamá es mundialmente reconocido como la mayor hazaña de la ingeniería del siglo XX, un motor económico que une los océanos. Sin embargo, detrás de la imponente silueta de los buques Neo-Panamax, subyace un trance invisible: la infraestructura hídrica que sostiene al país depende de los lagos Gatún y Alajuela, diseñados en 1914 y 1935, respectivamente.

En aquel entonces, Panamá era una nación de apenas medio millón de habitantes. Hoy, alcanza a los 4.2 millones. Esta presión demográfica, sumada a una crisis climática que ha vuelto a los ciclos de sequía más severos y frecuentes, plantea un desafío existencial. La pregunta no es solo técnica, sino ética: ¿Cómo asegurar el motor económico de la nación sin dejar sedienta a su gente? El proyecto de Río Indio no es simplemente una respuesta de ingeniería; es una redefinición del contrato social entre el Canal y Panamá.

El año más seco en la historia del Canal fue en 1997, donde los clientes recibieron una misiva: “Puedes pasar por el canal, pero tienes que traer menos carga porque los lagos están deprimidos; no ha llovido suficiente“.

El segundo año más seco sucedió en el2015, donde el mensaje a las navieras fue: “Tenemos un producto nuevo, puedes traer buques mucho más grandes, pero no puedes traer mucha carga porque los dragados están deprimidos”. En el 2016 se inauguraba la tercera esclusa.

A fines de ese mismo año, entre los meses de octubre y diciembre, llovió mucho y no se pudo almacenar a falta de infraestructura. Luego tocó un 2019 también seco, no al nivel de un 2015 ó 1997. Otra vez, las compañías marítimas recibían un texto: “No puedes traer el volumen de carga que tu buque generalmente acarrea, porque los lagos están bajos”.

Luego vino el 2023, el tercer año más seco en la historia del canal. La noticia vieja, nuevamente, fue: “En esta ocasión no solo no puedes traer toda la carga que tu barco puede portar, sino que vamos a reducir los tránsitos diarios en 10. Quedarán en 24”. Era o agua para la población o para los barcos.

Ante la repetida escasez, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) tomó cartas en el asunto para no volver sobre esa experiencia, o bien mitigarla. La última medida resultó en la pérdida de aproximadamente 2.700 tránsitos anuales -un 21% de la capacidad operativa- y un impacto financiero cercano a los u$s 900.- M en ingresos potenciales.

El agua de los lagos es el sustento de los cinco distritos que mueven la economía del país: Panamá, San Miguelito, Arraiján, Colón y La Chorrera. Actualmente, ocho plantas potabilizadoras consumen el equivalente a 8.8 tránsitos diarios; con la entrada en operación de nuevas plantas y ampliaciones, esa cifra ascenderá a 10 tránsitos.

Era o agua para la población o agua para los barcos. Y por supuesto que el agua para la población es más importante“, sostiene Ilya Espino de Marotta, viceadministradora del Canal. Este cambio en la jerarquía de valores establece que el Canal no es una entidad aislada, sino el garante de la vida cotidiana de la mitad de la población panameña.

El desarrollo de Río Indio rompe el esquema tradicional de “infraestructura primero”. Como un modelo integral, el Canal reconoce que la conservación del agua no depende de muros de concreto, sino del bienestar de quienes habitan la cuenca. La estrategia se basa en transformar a los residentes en los guardianes remunerados del ecosistema.

Hay tres pilares para este croquis local que ya está en marcha, a saber:

Ambiente: Se ejecutan proyectos de reforestación que cubren 50 hectáreas mediante viveros comunitarios. El programa de “Pago por Servicios Ambientales” ya cuenta con 32 familias que protegen 300 hectáreas de bosque virgen; la meta es escalar este impacto hasta 500 familias que atiendan 5.000 hectáreas.

Educación: Fortalecimiento de las capacidades locales para que el progreso tecnológico llegue antes que la maquinaria pesada.

Economía: Fomento de la apicultura -miel 100% natural- y otras actividades sostenibles que permiten a las familias generar ingresos mientras preservan la biodiversidad necesaria para el ciclo del agua.

Sanando una deuda histórica y antes de remover un solo metro cúbico de tierra para el embalse, el Canal ha comenzado a trabajar en las áreas de Capira y Río Indio para revertir décadas de abandono estatal. La comunidad percibía al Estado como una ausencia; el Canal está construyendo confianza mediante hechos tangibles, personalizados.

A la fecha, 20 escuelas en comunidades remotas han sido equipadas con antenas satelitales y paneles solares, beneficiando a 800 estudiantes. Para estos jóvenes, la llegada del Canal no ha significado ruido de construcción, sino la posibilidad de ver un video educativo o investigar en internet por primera vez. Esta es la “deuda histórica” que se empieza a saldar: proveer servicios básicos como luz y conectividad para demostrar que el bienestar del país no puede ocurrir a expensas del aislamiento de sus cuencas.

El reasentamiento diseñado para avanzar con los trabajos se llevó a cabo en la cocina de las familias residentes. Es el aspecto más humano y alcanza a un total de 423. Siguiendo la Norma 5 de la Corporación Financiera Internacional (IFC), el Canal ha implementado un proceso de diseño participativo para asegurar que la mudanza no sea un desarraigo, sino una mejora sustancial.

Las viviendas no son cajas genéricas. Tras meses de diálogo en más de 200 reuniones, se incorporaron elementos culturales críticos: fogones de leña exteriores, portales y depósitos. Técnicamente, las casas cuentan con paredes de bloque, techos de zinc y una regla estricta de habitabilidad: no más de tres personas por habitación, ajustando el número de cuartos a la composición real de cada familia.

Un hito fundamental es la seguridad jurídica. En colaboración con la ANATI, el Canal ya ha generado 250 títulos de propiedad, transformando “derechos posesorios” informales en propiedad privada legal. Además, se ha garantizado que el reasentamiento ocurra en un radio de 5 a 7 kilómetros de su ubicación original, preservando el tejido social y el acceso a sus tierras de cultivo.

No se les quiere cambiar su condición de vida… pero sí se les quiere mejorar su condición de vida con una mejor calidad“, acota la ingeniera Espino de Marotta.

La lógica de la sostenibilidad también entró en la pulseada. Ha surgido el debate sobre usar el Lago Bayano como alternativa. Sin embargo, los datos son contundentes: Bayano costaría 3.5 veces más que Río Indio y requeriría una tubería de más de 100 kilómetros, una distancia equivalente a la ruta entre las ciudades de Panamá y San Carlos. A su vez, implicaría un costo de bombeo anual de u$s 200.- M.

La eficiencia es el factor determinante y el corazón está en base a estudios del cuerpo de ingenieros del ejército de Estados Unidos, contratados a ese fin. Río Indio funcionará por gravedad, moviendo el agua hacia el Lago Gatún de forma natural y resiliente. Sencillamente y por el contrario, Bayano exigiría un gasto sideral por la demanda de energía. Una excelente decisión técnica con responsabilidad financiera asegurando que un gasto eventual, en cambio, ingrese al tesoro nacional al evitar consumo eléctrico.

El plan estratégico 2025-2035 es la hoja de ruta para resguardar el agua para Panamá durante el próximo medio siglo. Con una inversión de u$s 1.500.- M, el cronograma es claro: licitación en 2027 e inicio de obras físicas en 2028. El reasentamiento será gradual y paulatino, acompañando a cada familia hasta que su modo de vida esté plenamente restaurado.

Río Indio representa un sacrificio compartido: el de 423 familias que entregan su entorno actual para asegurar que más del 50% de la población del país tenga agua para vivir, estudiar y trabajar. Una decisión de Estado sabia que define la operatividad pensando en el siglo XXII.

Una decisión difícil y audaz, aunque necesaria. La ejecución en sus detalles se presenta muy bien estudiada para asegurar el futuro operativo del Canal de Panamá y el sostén del país.

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