Falsas noticias y ecoterrorismo
En estos tiempos vertiginosos donde cualquier cosa que se escribe y echa a rodar en las redes sociales se vuelve inflamable y, cuando carece de rigor periodístico es difamatorio. A falta de pensamiento crítico y fuerza bruta de masas hace daño a los fundamentos de la investigación y la ciencia; tal el caso de la producción agropecuaria que llena las heladeras de quienes propalan esas mentiras. Poco y nada se puede hacer con la mentira ya hecha. Hay una distinción clara entre periodismo profesional –que responde por aciertos y errores al menos en caras visibles- y la difusión de noticias falsas en redes sociales y plataformas digitales.
Hace poco, bajo un extraño ritual alguien envenenó cóndores. A otro se le ocurrió decir que fueron los “agrotóxicos” y, centenares copiaron los titulares sin certificar in situ de qué noticia se trata y, mucho menos la veracidad de los hechos. El suceso, dale que va, fue aprovechado para golpear al campo.
La propalación de noticias falsas promueven la difamación, desalientan el emprendimiento, alimentan la violencia y hasta alteran procesos políticos. Estas noticias que simulan verdades hacen daño y, todavía no tiene reacciones concretas. Por ejemplo, un marco legislativo que contemple la veracidad de lo que se dice con el rigor de una denuncia ante la Justicia, teniendo en cuenta el fundamento científico versus lo que se difunde como una verdad simulada. Las falsas noticias son un problema y su utilización, un arma política de golpe bajo.
La red social Facebook es un vehículo a tales novedades, frágiles en su carácter y razón. Sin ir más lejos, luego de verse en jaque por utilizar los datos de sus usuarios sin su consentimiento y con fuerte resonancia en la prensa mundial, decide a contragolpe la construcción de un ranking de credibilidad de los medios de prensa. Irónica respuesta al creciente cuestionamiento de lo que allí circula.
Claro que, a la hora de sostener responsabilidades sobre los contenidos que allí se vierten, dice: “Facebook es una plataforma, no un medio periodístico”, señalando la responsabilidad de un tercero anónimo.
El ejercicio del periodismo tiene una responsabilidad legal y moral con la verdad de los hechos, a la hora de sentarse a escribir sobre prácticas agrícolas. Para el 2050 habrá 9.500 M de seres humanos para alimentar y, el mundo agropecuario está trabajando por ello, bajo rigores de agencias de seguridad. Detrás de ello hay productores que difícilmente expondrían sus vidas si las Buenas Prácticas Agrícolas expusieran sus vidas.
“No hay nada que no sea tóxico. La diferencia entre el remedio y el veneno es la dosis” sostenía Paracelsus, el padre de la toxicología moderna, hacia el año 1500. Acaso tanta falsedad termine intoxicando a sus diseñadores.
No puede sostenerse la idea de libertad sin responsabilidad. La Ley debe castigar la falsedad de un postulado ignorante como “verdad noticiosa”.
