Un imprescindible del campo
Jorge Chemes, el dirigente que transformó la protesta en propuesta y la bronca en puentes, se despidió en el silencio de una siesta entrerriana, dejando un vacío irremplazable en el federalismo productivo de la Región Centro. La historia del campo pasa revista a un capítulo de integridad.

Hay una ironía dolorosa en el destino de los hombres fuertes. Uno puede pasar décadas enfrentando desafíos que quebrarían a cualquiera, sosteniendo el temple de acero frente a gobiernos hostiles y crisis climáticas, para terminar rindiéndose ante el llamado silencioso de una siesta dominguera. Así, sin avisar, se fue Jorge Chemes a los 64 años en su casa de Entre Ríos. Se acostó con el cansancio del luchador y no despertó más, dejando al sector agropecuario con esa sensación de orfandad que solo provocan los que saben mandar sin gritar.
Quienes lo seguimos de cerca, grabador en mano, aprendimos a leer sus silencios tanto como sus palabras. Jorge no era un dirigente de altisonancias ni de frases para el algoritmo de las redes sociales. Era un tambero de Nogoyá que entendía que el diálogo es la herramienta más filosa de la política. Su presidencia en Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), entre 2019 y 2023, fue una cátedra de equilibrio en aguas turbulentas. Le tocó lidiar con el descontento de las bases que pedían dureza extrema y, al mismo tiempo, con un gobierno que a menudo buscaba en el campo un chivo expiatorio para alimentar la grieta.
Chemes no cayó en la trampa. Estaba convencido de que la protesta por la protesta misma era un callejón sin salida. Su sello fue la construcción de puentes. Supo transformar la combatividad que cultivó en el histórico conflicto de 2008 en una diplomacia técnica y firme. No se quedó atrapado en el barro de la queja; prefirió caminar los despachos para explicar por qué la agroindustria es el motor que beneficia a todos los argentinos, no solo a los productores.
Su trayectoria fue un mapa del compromiso federal. Fue presidente de la Sociedad Rural de su querida Nogoyá, lideró la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (FARER) y saltó a la arena legislativa como diputado nacional. Pero quizás su faceta más visionaria se vio en su última etapa como titular del Ente Región Centro. Apenas horas antes de su partida, se lo vio en la Fiesta Nacional del Trigo en Leones, Córdoba, insistiendo en su obsesión: que Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos se consoliden como un polo de desarrollo competitivo, con reglas claras y visión de bloque.
Más allá de los cargos, lo que hoy inunda las redacciones y los grupos de productores es el recuerdo de una gran persona. Siempre despojado de protocolo, es la que mejor lo define. Chemes tenía ese don de gente que permitía que un opositor lo respetara y un par lo admirara. Formó un tándem de sintonía fina con el recordado Carlos Achetoni, otro “imprescindible” que el campo perdió antes de tiempo.
El gobernador Rogelio Frigerio lo despidió con la consternación de quien pierde a un leal. El campo argentino lo despide con la certeza de que se va un dirigente intachable. Y nosotros, los que gastamos suelas a la par de su camino, lo despedimos sabiendo que el entramado productivo del país es hoy un poco más sólido gracias a su paciencia inquebrantable.
Se fue un hombre de gran valor, y de diálogo franco en un país de monólogos sordos. Buen viaje, Jorge. Que la tierra que tanto defendiste te sea leve.
