Vicentín: el juez dictaminó sobre el Cramdown
En los tribunales de Reconquista, donde el eco de las disputas legales suele ser tan persistente como el calor del verano santafesino, se dictó la sentencia que marca un antes y un después en la historia del agro argentino y, de los Concursos preventivos. El juez Fabián Lorenzini, quien ha llevado las riendas del caso más complejo de las últimas décadas, tomó una decisión salomónica: otorgar el control de Vicentin SAIC a Grassi SA.
Este no es solo un cambio de nombres en un directorio; es el desenlace —o quizás el comienzo de un nuevo acto— de un proceso de cramdown que mantuvo en vilo a productores, bancos y competidores.
La resolución del magistrado fue contundente. Tras analizar el complejo tablero de intereses contrapuestos, decidió rechazar de plano las once impugnaciones que intentaron frenar el avance de la propuesta de Grassi. Con la firma del juez, se dispuso la transferencia total de las acciones de la emblemática agroexportadora a manos de quien, hasta hace poco, era uno de sus principales acreedores.
Para que este traspaso sea efectivo, la justicia también solicitó el levantamiento de todas las medidas cautelares e inhibitorias que pesaban sobre la firma, despejando el camino legal para que la nueva conducción comience a gestionar. Sin embargo, el juez dejó una tarea pendiente en el escritorio de los nuevos dueños: Grassi deberá mejorar las condiciones ofrecidas originalmente a los acreedores granarios, reconociendo que el eslabón más débil de la cadena merece un trato más justo.
El cambio de mando trae consigo una nueva fisonomía gerencial. El directorio que ahora asume la responsabilidad de reflotar al gigante está integrado por Mariano Grassi, titular de la firma acreedora, y Leandro Salvatierra, el abogado que llevó adelante la gestión legal de la audaz estrategia.
Esta dupla tiene ante sí el desafío de inspirar confianza con el sector productivo que hoy mira con cautela cada movimiento. El cronograma de cumplimiento de pagos será la primera prueba de fuego para demostrar que este cambio de piel es, efectivamente, una solución de fondo y no solo un parche jurídico.
Como en todo drama de esta magnitud, el final no está exento de suspenso. Aunque el fallo de Lorenzini es un hito, la sentencia no ha quedado firme. Louis Dreyfus Company (LDC) y Molinos Agro (MOA) han interpuesto apelaciones, abriendo un compás de espera que obligará a las partes a sentarse nuevamente a negociar.
Esta etapa de revisión judicial significa que el traspaso definitivo de acciones todavía debe superar el filtro de las instancias superiores. No obstante, el mensaje que sale desde el Juzgado Civil y Comercial de Segunda Nominación de Reconquista es claro: el tiempo de la incertidumbre debe terminar, y la propuesta de Grassi ha sido, a ojos del juez la opción indubitable antes de la quiebra.
Para el analista atento, lo que ocurre con Vicentin es un síntoma de un mercado que busca reconfigurarse. La entrada de Grassi representa cautela y se mira con expectativa conocer su respaldo financiero y su actuación en arenas que no conoce. Al frente a los gigantes del mercado observan.
La crónica de Vicentin suma así un capítulo fundamental. Entre expedientes y apelaciones, la empresa intenta dejar atrás su pasado de crisis para asomarse a un futuro donde la solidez será un imperativo. Mientras tanto, en los campos y acopios, se espera que este cambio de mando traiga, finalmente, la calma necesaria.
