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El agro argentino consolida su perfil exportador con un crecimiento del 6% en volumen durante los primeros siete meses del año, diversificación de destinos y un notable impulso de productos de alto valor agregado.

El comercio exterior agroindustrial alcanzó entre enero y julio de 2025 un total de 65,5 M de toneladas despachadas, equivalentes a u$s 28.220 M. La mejora interanual del 6% refleja la capacidad del sector para sostener su protagonismo en el mercado mundial en un contexto global exigente.

Los diez principales complejos concentran casi nueve de cada diez dólares exportados. A la tradicional fortaleza de la soja y el maíz se suman desempeños sobresalientes en maní, con un salto del 47% en volumen, trigo con un 31%, girasol con 25%, pesca con 7% y maíz con 3%.

En cuanto a los destinos, China, India y Brasil encabezan el ranking, seguidos por Vietnam, Chile, Estados Unidos, Perú, Arabia Saudita, Malasia y Países Bajos. Entre todos superan la mitad del total exportado, lo que confirma la importancia estratégica de los mercados diversificados.

Más allá de los granos y las carnes, se observa un crecimiento sostenido en bienes con diferenciación de origen. Semillas que cotizan a 45.500 dólares por tonelada, aceites esenciales de limón y otras especies en torno a los 23.000, carne bovina de alta calidad a 10.428, aceite de jojoba por encima de 9.500 y cacao procesado en torno a 9.000, son solo algunos ejemplos. También destacan exportaciones de huevos industrializados, quesos de especialidad, ceras, preparaciones de papa, vinos espumosos y jugos concentrados.

Se suman además envíos emergentes de café soluble, orégano, concentrados de yerba mate, chocolate y levaduras, entre otros, que amplían la paleta de productos disponibles y fortalecen la presencia argentina en segmentos de consumo premium.

El panorama muestra cómo cada región del país aporta diversidad y competitividad al comercio internacional, con impacto directo en inversión, empleo y desarrollo territorial. La combinación de innovación productiva, apertura de mercados y simplificación normativa potencia la capacidad exportadora, consolidando al agro como uno de los motores centrales de la economía nacional.

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