J’ Accuse!…
El cine es el sutil arte magistral de cambiar la realidad, la historia, crear ficciones y fantasías y, hasta imponerlas como verdaderas. Bajo esas posibilidades, quien dirige hasta se permite mentir y difamar gratuitamente, como lo hacen contra los Vicentín. Así, caen fácil y rápidamente, ingenuos que compran falsedades, desestimando el propio ejercicio intelectual de razonar, reflexionar mínimamente, con alguna profundidad.
Esa “ventajita” artística cuando es usada raposamente pierde crédito frente investigaciones serias que constatan hechos de primera mano, que indagan a ambos lados del episodio, como también corroboran documentos que demuestran un suceso con evidencias.
Así, por ejemplo, en la película 1985 el actor Ricardo Darín hace lo propio al “leer” el discurso del fiscal Julio César Strassera en el juicio a las Juntas militares, poniendo en su boca la palabra ‘genocidas’, que jamás usó como puede comprobarse.
Carlos Del Frade, Claudio Palo Oliver y Luis Rubeo, entre otros, han fabulado sobre una empresa, y mancillado el buen nombre y honor de una familia que ha caído en desgracia, más allá de las acreencias que acarrearon desajustes o perjuicios a terceros acreedores en justos reclamos, que nadie niega.
Me alcanza empezar con un “J’ Accuse!…” a quienes desde los tres poderes del Estado y, de modo tilingo, señalan con el dedo. Entre ellos, unos que no ejercen como legisladores para mejorar la vida de los santafesinos, aferrados a una banca en beneficio propio y tomando el tiempo banalmente en las redes sociales.
Cuando no es más allá, prosiguen acá con las invenciones humillantes tergiversando desde la clase política, liderando un daño -que la familia soporta estoicamente- ante lo que ignorantes cazadores de títulos difunden, dando espacio a aquéllos otros que siguen.
Y, son los de la connivencia judicial, como exhibieron escandalosamente con el avocamiento frenando el concurso nueve meses, sin el derecho real. O, con la farsa de Olzen, el falso acreedor, a quien cuyos fiscales, allanados en la improvisación y conveniente dejadez, hicieron lugar al irreparable bochorno de apresar a un inocente.
El bemol bajo lo hace la doble vara con tratamiento diferencial, como lo es con Molino Cañuelas o BLD, empresas de menor escala e igual deuda -en el primer caso-, pero con sentencias judiciales y vientos políticos favorables frente una misma situación.
En las gradas más altas, el presidente del máximo tribunal santafesino, Rafael Gutiérrez, provechosa y sospechosamente deniega la excusación a impartir Justicia a otro cortesano, Daniel Erbetta, habida cuenta de su parentesco de 1er grado con el socio Alexis Weitemeier, integrante del estudio jurídico Casanova, Mattos & Salvatierra quienes encarnan la defensa judicial, mal entendida como hostilidad y en versión orquestada.
Acaso alguno, Alberto Fernández, un presidente de la Nación, anunciando que “hace meses/días venimos trabajando” gesticulando una mentira evidente al expresarse sobre el propósito de expropiar la empresa, para hacerle perder a sus dueños cualquier posibilidad de recomposición.
Sucesos rigurosamente documentados naufragaron deliberadamente cualquier posibilidad de pago requerida en el marco de las normas crediticias y jurídicas, como son los Acuerdos Preventivos Extrajudiciales que registran las actas de directorio del banco de los argentinos.
Las películas emitidas no cumplen con los rigores periodísticos de investigación mínimos y fueron solventadas con fondos del Estado, desde el Gobierno o grupos de interés que embistieron contra la familia.
A propósito de supina beligerancia, por no decir otra cosa, el artículo de Émile Zola «¡Yo acuso…!» es, por su compromiso y por los resultados obtenidos, el símbolo del poder de la prensa al servicio de la defensa de un hombre y de la verdad.
Bernardo Basombrío
Periodista y escritor
