Se reactiva la compra de campos
La operatoria exhibe valores firmes
Tras un prolongado letargo marcado por la cautela, el mercado de tierras en Argentina vuelve a latir con fuerza. Lo que hasta hace poco era un escenario de observación expectante se ha transformado en una búsqueda activa de activos reales. Hoy, el apetito por el suelo productivo no solo responde a una mejora en los márgenes del negocio, sino a una convicción de largo plazo que parece haber recuperado su brújula.

La realidad actual es tajante: la demanda ha superado con creces la disponibilidad de establecimientos a la venta. Esta asimetría presiona los valores y agiliza las transacciones, especialmente en las zonas de mayor aptitud. Según explica Federico Nordheimer, Director Ejecutivo de la firma homónima, el interés se concentra inicialmente en los núcleos más consolidados y, ante la escasez de opciones, comienza a derramar hacia la periferia.
En este mapa de inversiones, el protagonismo absoluto lo reclama el denominado “triángulo de oro” —integrado por Pergamino, Salto y Rojas—. Esta región es venerada por su estabilidad climática y la excelencia de sus suelos. No obstante, el radar de los compradores ya se extiende hacia el sur santafesino y el centro-este cordobés, donde el potencial de rinde sigue siendo un imán irresistible.
La recuperación de los precios es un dato insoslayable. En el corazón de la zona núcleo, las hectáreas de alta productividad han recuperado terreno hasta alcanzar los 20.000 dólares, una cifra que evoca el pico histórico de 2011 y que representa un salto del 10% respecto al año anterior. Hace apenas un bienio, en tiempos de mayor incertidumbre, esos mismos suelos cotizaban entre los 13.000 y 14.000 dólares.
Esta dinámica ha generado un fenómeno particular en la comercialización:
Circuitos cerrados: Muchas operaciones ni siquiera llegan a publicarse.
Clientes directos: Las inmobiliarias rurales actúan como nexos quirúrgicos, asignando campos a interesados de fuste apenas ingresan a la cartera.
Liquidez simbólica: Un campo en estas latitudes se percibe hoy como un “cheque al portador” por su facilidad de rotación y resguardo de valor.
Con rendimientos anuales que oscilan entre el 3% y el 4%, el negocio agrícola vuelve a seducir frente a otras alternativas financieras. Sin embargo, el optimismo convive con la mirada puesta en la macroeconomía. El movimiento futuro de las tranqueras seguirá atado a las señales que emita la política y a la capacidad del país para acompañar este proceso de inversión con reglas claras.
Es el momento ideal para pulsar el ritmo de una tierra que, una vez más, demuestra ser el activo más resiliente de la Argentina.
