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El 2025 quedará guardado en la memoria de las terminales portuarias y los despachos oficiales como el año en que el motor del campo argentino volvió a rugir con una potencia que no se veía en mucho tiempo. Tras ciclos marcados por la incertidumbre y el clima hostil, el complejo agroindustrial cerró un calendario excepcional, consolidándose como el tercer mejor año de la última década en términos de exportaciones. Con más de 105,5 M de toneladas comprometidas al exterior, el crecimiento interanual del 53,2% respecto a 2024 no es solo un número: es el mapa de una reactivación profunda.

Si hubiera que entregar una medalla de oro en esta maratón exportadora, el nombre indiscutido es Cargill. Por segundo año consecutivo, la compañía se posicionó en la cima del ranking, registrando un volumen histórico de 17,3 M de toneladas. Para ponerlo en perspectiva: su crecimiento fue del 81,5%, logrando que casi dos de cada diez toneladas de granos argentinos que salieron al mundo llevaran su sello.

Detrás del gigante estadounidense, la pelea por el podio fue intensa. Viterra se quedó con el segundo puesto, mientras que la china COFCO completó el terceto de líderes, demostrando que los grandes traders internacionales siguen viendo en las tierras argentinas una pieza estratégica de su tablero global.

Como es habitual en nuestra pampa, la soja fue la gran protagonista, concentrando casi la mitad de todo lo declarado con un 49%. Con 51,6 M de toneladas, el “oro verde” alcanzó su segundo volumen más alto de la década, impulsado principalmente por los subproductos, que representaron el 59% de sus registros. En este segmento, Cargill, Viterra y Louis Dreyfus Company (LDC) formaron la delantera más eficiente.

El maíz no se quedó atrás, aportando un sólido 28,2% al total nacional con casi 30 M de toneladas. Aquí, Cargill volvió a liderar, escoltada por ADM Agro y COFCO. Pero la verdadera sorpresa agradable fue la recuperación del trigo: tras un año previo difícil, las declaraciones se duplicaron, superando las 14,8 M de toneladas y marcando el segundo mejor registro del último lustro.

Más allá de los grandes cultivos, el 2025 le dio brillo a otros actores. El girasol vivió su año de gloria, alcanzando el mayor volumen de la última década con un crecimiento explosivo del 96%. En este rubro, Viterra tomó la delantera, seguida por COFCO y la emblemática cooperativa Unión Agrícola de Avellaneda.

La cebada también tuvo su primavera, con un aumento del 39%, liderada por Cervecería y Maltería Quilmes. Por su parte, el sorgo creció un 85%, con la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) a la cabeza, reafirmando que el agro argentino tiene una diversidad que es su mejor seguro de vida.

Sin embargo, detrás del éxito exportador se esconde una curiosidad que los analistas miran con lupa: la concentración del tiempo. El 44% de todas las ventas del año se registraron en apenas dos meses: junio y septiembre. Los incentivos regulatorios y los anuncios de reducciones temporales de impuestos a la exportación.

En esos meses, el volumen fue hasta 3,8 veces superior al promedio histórico, quebrando la estacionalidad tradicional del comercio exterior. En contraste, el resto del año -salvo septiembre- vio una caída del 49% respecto a los promedios de los últimos cinco años. Esto refleja que, si bien la mejora climática fue determinante, el productor y el exportador reaccionan con rapidez quirúrgica a las reglas de juego económicas.

El 2025 deja una foto nítida: el agro es, y seguirá siendo, la columna vertebral de la economía argentina. Pero también deja un debate abierto sobre la necesidad de reglas estables para que ese flujo de divisas y toneladas no sea una montaña rusa de picos y valles, sino un río constante que nutra al país durante los doce meses del año.

El campo cumplió su parte, transformando el clima y los incentivos en un récord que alimenta la esperanza de un crecimiento nacional sostenido.

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