El vino es cultura
La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó recientemente una ley que prohíbe la publicidad de bebidas alcohólicas en la vía pública y, su promoción en actividades culturales, educativas y deportivas gratuitas. Resta su reglamentación que a estas horas se analiza en el Ejecutivo a fin de exceptuar al vino. Se trata de una ley que, desde un diagnóstico equivocado, equipara al vino con el resto de las bebidas alcohólicas y desconoce muchos aspectos que merecen una profunda y oportuna reflexión: en la difusión de los mensajes por un lado y, en lo legislativo teniendo en cuenta que –sin contar la ignorancia de buena fe del legislador-, que a veces, se inspira en el carácter subliminal que la comunicación tiene en tiempos de marketing confundiendo aspectos que son razonables debatir puertas adentro y exhibir una posición clara e inequívoca hacia afuera.
Desde tiempos bíblicos el vino tiene valor cultural y de encuentro congregando a las personas en un espacio de diálogo y reflexión, siempre sobrios, cuando no amenos.
Además del vínculo con la tierra, es una actividad que genera valor agregado y, puntualmente proyecta la identidad de nuestro país al mundo. En otro orden es un alimento que, entre otras particularidades reporta beneficios comprobados que reducen los índices de enfermedades cardiovasculares al beber con responsabilidad y moderación.
Las declaraciones radiales del Vicejefe porteño, Diego Santilli, reconocen que la ley es un equívoco y relaciona al consumo del vino con ámbitos de encuentro, de familia y que no tienen que ver con un sentido ligero de diversión que, se contrapone con lo que culturalmente es.
El producto en sí mismo es comunicación, debe entenderse ante todo y como premisa. Sin embargo, hay que reconocer que mundialmente en la industria vitivinícola hay una tendencia que se presta a confusión al etiquetar vinos o al hacer las respectivas campañas de publicidad. Argentina no es ajena a ello, no obstante cierto principio de cuidado como lo es el Código conjunto de la Industria de bebidas alcohólicas para autoregulación publicitaria. El frecuente dinamismo que tiene su aparición en los medios enseña características que buscan presentarse novedosas o atractivas a fin de llamar la atención del consumidor. Se pierden el cuidado de las formas cuando hace -por ejemplo- apelación al erotismo o, de contenido al contravenir que se inspire en un marco general de respeto concordante con los principios éticos de una comunidad sanamente constituida.
La reglamentación de la ley que se aprobó en la Ciudad de Buenos Aires ha puesto en movimiento a la industria vitivinícola local, y que dicho sea de paso se mostró lenta de reflejos en su capacidad de lobby al no actuar antes con eficacia. Se describen cinco puntos de la misma para entender la actualidad:
- La legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó el 24 de noviembre una ley que prohíbe la publicidad de todas las bebidas alcohólicas en la vía pública y el auspicio, por parte de marcas de estas bebidas, de actividades culturales, sociales, deportivas de acceso libre y gratuito en el ámbito de la Ciudad.
- La Corporación Vitivinícola presentará un recurso de inconstitucionalidad por considerar que la ley en cuestión se contrapone a la Constitución Nacional y a la Ley 26.870 que declara al vino Bebida Nacional de Argentina.
- La ley desconoce que el vino es un alimento, que se comunica y consume en el ámbito de la moderación y que forma parte de la cultura y la identidad del país.
- Esta prohibición limita la proyección local e internacional de propuestas turísticas, gastronómicas y culturales relacionadas con el vino.
- El sector vitivinícola advierte que este tipo de norma afectan la generación de empleos directos e indirectos en las regiones productoras.
A partir de quedar exceptuada de la prohibición de publicidad, como sería justo, la industria vitivinícola tiene que revisar seriamente cómo comunica sus productos y los etiqueta. Es una buena oportunidad para reflexionar al respecto.
