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El tablero de ajedrez energético mundial acaba de sufrir un movimiento de piezas que no solo redefine el mercado del crudo, sino que pone en jaque la hegemonía del dólar. El campo, acostumbrado a observar cómo el clima o la logística afectan el precio de los granos; hoy, es el “clima” geopolítico el que está alterando las rutas de la energía con una intensidad pocas veces vista.

La noticia del retiro de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP, confirmada por fuentes oficiales como la agencia WAM y analistas de Bloomberg, marca el fin de una era. La organización, que desde 1960 funcionó como el gran regulador del “grifo” mundial para sostener los precios, ha perdido a uno de sus socios más tecnificados.

EAU no está dispuesto a seguir bajo el corsé de las cuotas de producción. Su salida le permite liberar su capacidad hacia los 5 M de barriles diarios, una decisión que podría inundar el mercado y debilitar el poder de fijación de precios del cártel. Para el productor agrícola, esto significa una posible baja en los costos de fletes y combustibles, pero también una volatilidad cambiaria sin precedentes.

Desde 1974, el mundo opera bajo un pacto implícito: el petróleo se paga en dólares. Este sistema le otorga a Estados Unidos el privilegio exorbitante de imprimir moneda con una demanda global garantizada. Sin embargo, la fractura de la OPEP y la salida de socios clave sugieren una transición hacia la desdolarización. Si el crudo comienza a transarse en otras divisas, el dólar perderá su rol de refugio absoluto, lo que podría derivar en una inflación importada para la economía norteamericana y una reconfiguración de las reservas de los bancos centrales.

Entre las lecciones de la historia vale el repaso de Suez a Ormuz. Este escenario nos remite inevitablemente a la Crisis de Suez de 1956. En aquel entonces, el bloqueo del canal obligó al mundo a rediseñar su logística, creando los superpetroleros para rodear África. Hoy, el espejo de la historia nos muestra que cuando las rutas marítimas se cierran, el ingenio —y la desesperación— abren caminos por tierra. Al igual que Suez marcó el declive de las potencias coloniales europeas, la actual crisis en el Estrecho de Ormuz podría estar señalando el relevo en la guardia del poder financiero mundial.

Irán y la “Ruta de la Seda” sobre rieles entran en juego. Ante las presiones y el bloqueo naval estadounidense en Ormuz, Irán ha pasado a la ofensiva logística. Según declaraciones de Hamid Hosseini, portavoz de la Unión de Exportadores de Petróleo de Irán al Wall Street Journal, Teherán ha comenzado a utilizar el ferrocarril para abastecer a su principal cliente: China.

Esta estrategia, aunque costosa y de menor volumen que los buques cisterna, busca eludir el cerco naval. El crudo viaja hoy a través del Corredor Ferroviario China-Irán, una red de más de 10.000 kilómetros que conecta las refinerías iraníes con ciudades chinas como Xi’an y Yiwu.

La ruta —conocida técnicamente como el Corredor KTI (Kazajistán-Turkmenistán-Irán)— permite reducir los tiempos de tránsito a solo 12-15 días, frente a los casi 40 que demanda la vía marítima. Es una medida de emergencia: ante la acumulación de petróleo sin vender y la saturación de sus tanques en zonas como Ahvaz y Asaluyeh, Irán apuesta por el tren dentro de la ruta ferroviaria de la seda del sur.

Escenarios de un mundo fracturado que a corto corto plazo, nos enfrenta a dos realidades contrapuestas, a saber.

Optimismo multipolar: Un sistema financiero más equilibrado donde el dólar comparta el podio, reduciendo la dependencia de una sola política monetaria.

Incertidumbre logística: El uso de “flotas oscuras” y trenes transcontinentales para el crudo encarece la energía para sectores específicos, como las refinerías independientes chinas llamadas “teteras”, que compraron la mayor parte de los 1,38 M de barriles diarios iraníes durante el 2025.

Se sabe que cuando los grandes se disputan el control del agua, los que siembran deben mirar al cielo. En este caso, el cielo es el mercado de divisas, y el agua es un petróleo que ahora, contra toda lógica tradicional, viaja sobre rieles para intentar cambiar el destino del mundo.

Por Bernardo Basombrío

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