TRUMP

El mercado agrícola ha abandonado su letargo para entrar en una fase de alta volatilidad, impulsado por una combinación de geopolítica, cambios energéticos y una meteorología local que mantiene en vilo a los productores. Según fuentes de la institución consultadas, nos encontramos ante un escenario de “triple shock” que redefine las prioridades comerciales de la región.

El primer impacto proviene del hemisferio norte. El compromiso de China para adquirir 8 millones de toneladas adicionales de soja estadounidense ha encendido los motores en Chicago. Sin embargo, los expertos advierten que esto no representa una “demanda nueva”, sino un cambio de origen que perjudica directamente a Brasil, que podría enfrentar una sobreoferta en sus puertos. Para Argentina, la noticia tiene un matiz distinto: al ser principalmente exportadora de aceite y harina, el país podría quedar a resguardo de la presión negativa sobre el poroto.

El segundo factor es la nueva política de biocombustibles en EE.UU., que otorgará subsidios atados a la “intensidad de carbono”. Esta medida favorece la molienda interna norteamericana, impulsando el precio del aceite. Aquí reside una oportunidad para la industria local, que podría capitalizar esta demanda global para compensar posibles bajas en otros derivados.

Finalmente, el factor doméstico es el más preocupante: la sequía en la zona núcleo argentina. El corte de las lluvias y las altas temperaturas coincidieron con el periodo crítico de floración de la soja, lo que ya obliga a descontar rendimientos. Si bien el maíz temprano logró sortear lo peor de la seca, el tardío aún enfrenta riesgos climáticos y sanitarios. En este complejo rompecabezas, la recomendación de los analistas es clara: no encapricharse con los precios externos y asegurar márgenes cuando los valores locales cierren la ecuación económica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *