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En Río Cuarto, el médico veterinario Federico Vasquetto transformó su establecimiento familiar eliminando los insumos químicos y priorizando la salud de la tierra. Hoy produce 500 kilos de carne por hectárea y demuestra que la ganadería regenerativa es la respuesta a la volatilidad climática.

La historia de la ganadería argentina suele escribirse entre crisis de precios y vaivenes climáticos, pero en el sur de Córdoba, un establecimiento está redactando un capítulo distinto. En “El Mate”, un campo de 320 hectáreas en Río Cuarto, el médico veterinario Federico Vasquetto ha logrado lo que para muchos parece una utopía: vivir plenamente de la actividad agropecuaria sin que las facturas de agroquímicos y fertilizantes le quiten el sueño.

El cambio de paradigma no fue fortuito. Hace doce años, Vasquetto decidió romper con el modelo tradicional de soja y maíz para volcarse a la ganadería regenerativa. Tras presentar su experiencia en las Jornadas Ganaderas de Pergamino, queda claro que su éxito no se basa en una fórmula mágica, sino en una inversión estratégica en infraestructura y, sobre todo, en un cambio profundo en la forma de entender el ecosistema.

Invertir la pirámide: el suelo como prioridad

En la ganadería convencional, la mirada suele estar puesta en el animal, relegando al pasto y al suelo a un segundo plano. “Cuando trabajamos con ganadería regenerativa, ese orden se invierte”, advierte Vasquetto. Para este productor cordobés, la vaca no es solo el producto final, sino una herramienta de gestión: su bosteceo y pisoteo racional son los motores que regeneran la tierra.

La transición comenzó con la siembra de pasturas multiespecies por única vez. Hoy, el campo es una explosión de biodiversidad con hasta 30 especies por metro cuadrado, donde conviven gramíneas y leguminosas sin necesidad de fertilizantes sintéticos. Lo que antes se combatía como “maleza”, hoy se gestiona como recurso digestible. Este equilibrio biológico ha hecho que las plagas, antes un dolor de cabeza constante, desaparezcan de manera natural.

La red hidráulica: el corazón del sistema

Para que el modelo funcione, Vasquetto diseñó un esquema de 300 parcelas de una hectárea cada una. Sin embargo, el secreto de la eficiencia no está solo en los boyeros eléctricos, sino en el agua. Mediante una red hidráulica que distribuye agua por cañerías a tanques bebederos estratégicos (uno cada cuatro parcelas), se logró que el animal no tenga que desplazarse largas distancias.

Este detalle, que parece meramente operativo, tiene un impacto directo en la rentabilidad:

  • Fertilidad homogénea: Al no caminar hacia un bebedero lejano, la bosta y la orina se distribuyen de forma pareja en toda la parcela.
  • Bienestar animal: El ganado está permanentemente hidratado, lo que estabiliza la temperatura y el pH del rumen. Incluso con temperaturas superiores a los 35°C, los animales en “El Mate” no muestran signos de jadeo ni estrés térmico.
  • Aprovechamiento total: Se eliminan los “callejones” de paso, que en campos de alto valor (entre 10.000 y 12.000 dólares la hectárea) representan un desperdicio económico inaceptable por la compactación del suelo.

El negocio de la recría de precisión

Con el sistema estabilizado, el establecimiento se especializó en una categoría estratégica: la recría de terneras Angus. Actualmente, manejan unas 1.500 cabezas al año, comprando animales de 180 kg para agregarles entre 100 y 140 kg adicionales antes de venderlas como futuras madres para campos de cría.

Los números respaldan la decisión. Antes, con el modelo de cría tradicional, el campo difícilmente superaba los 300 kg de carne por hectárea. Hoy, bajo el esquema de recría regenerativa, el promedio se ubica en los 500 kg/ha. Lo más impactante no es solo el volumen, sino la estabilidad: en una zona con precipitaciones tan erráticas (que oscilan entre los 400 y los 1.200 mm anuales), el sistema de Vasquetto no sufre caídas bruscas en los años de sequía.

Rentabilidad y calidad de vida

En términos financieros, la puesta en marcha de este modelo requirió una inversión inicial de aproximadamente 600 dólares por hectárea (repartidos equitativamente entre pasturas e infraestructura). Si bien puede parecer una cifra elevada, Vasquetto destaca que las instalaciones tienen una vida útil de hasta 40 años con un mantenimiento mínimo.

Pero más allá de los márgenes y los kilos, el “cambio de época” al que refiere el título se palpa en el día a día. Con un solo empleado y el titular trabajando a tiempo parcial, el sistema funciona de manera fluida. “No nos llegan cuentas al escritorio”, resume con orgullo.

La experiencia de “El Mate” demuestra que la ganadería sin insumos no es una vuelta al pasado, sino un paso hacia una producción profesional, resiliente y, sobre todo, humana. En un mundo que demanda alimentos producidos de manera sustentable, el modelo regenerativo de Río Cuarto marca el camino a seguir.

Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein

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