Biodiesel en sube y baja
A inicios de la década pasada el biodiesel era algo incipiente en la Argentina. Luego, ganó rápidamente el primer lugar en el mundo como exportador. La Unión Europea, principal comprador, acusó al país por dumping y se tuvo que recurrir a la Organización Mundial de Comercio (OMC), ante el fundamento que señalaba un diferencial arancelario por los derechos de exportación entre poroto de soja con 30 %, aceite de soja al 27 % y el biodiesel al 0 %. Un panel de la OMC dio la razón a la Argentina al entender que no hay práctica desleal en el comercio.
Con este precedente en manos, Estados Unidos utiliza la misma receta en un tiempo corto donde se recompondrá el comercio con el viejo continente, mientras la historia con el país del norte continúa.
El impacto más directo lo sufren las empresas del sector –amén del empleo que capta- que hicieron fuertes inversiones sin aprovechar en plenitud.
La decisión de Estados Unidos, que debe reemplazar el biodiésel importado con producción local implica que tendrá que consumir más poroto de soja, lo que empujaría los precios del mismo, compensando en parte el efecto negativo y, en términos generales.
En el mercado local no hubo impacto sobre el precio, pero se cree que el aumento del consumo interno de aceite de soja por parte de Estados Unidos va a implicar la molienda de un mayor volumen de soja generando una mayor cantidad de harina de soja como sub-producto.
Este ítem si puede generar bajas en el precio de la harina de soja, siendo un problema para Argentina ya que el Indec informó que en 2016 el sub-producto fue el de mayor participación de las exportaciones del país con ingresos de u$s 9971 M y esto puede generar un impacto en el valor de la tonelada de poroto de soja.
La recuperación del equilibrio local es que Europa reabra el mercado pronto, con una sentencia de la OMC que es firme.
La producción de biodiesel en nuestro país es de 3 M de toneladas al año, de las cuales 1,1 M se destina al mercado interno y el resto se exporta.
