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Las vicisitudes climáticas globales y el reajuste de las existencias norteamericanas reconfiguran los valores del tablero agrícola internacional.

El escenario internacional de las materias primas agrícolas experimenta una mutación en su tendencia dominante. Con la estabilización de la divisa norteamericana y el repliegue del crudo como factores de influencia, las alteraciones atmosféricas asumen el protagonismo y robustecen las cotizaciones. Los especialistas advierten que los operadores han desplazado su atención de las variables financieras para concentrarse plenamente en los fundamentos de la producción.

La preocupación se extiende más allá de Norteamérica; el Viejo Continente padece una intensa ola de calor y la región del Mar Negro sufre estrés térmico, comprometiendo los rendimientos del girasol y el cereal. A este panorama se suma la consolidación del fenómeno meteorológico de El Niño hacia finales del ciclo anual, junto con dificultades logísticas en territorio ruso y complejas negociaciones en el estrecho de Ormuz.

El maíz surge como el principal favorecido tras revelarse que las existencias en Estados Unidos se ubicaron 2,9 millones de t por debajo de las previsiones debido a un dinámico consumo forrajero. Paralelamente, Francia enfrenta su peor registro térmico en veintiséis años, proyectando una recolección de apenas 9,5 millones de t, mientras que Ucrania recorta sus estimaciones por idénticas adversidades.

En el ámbito rioplatense, la trilla avanza con parsimonia por el exceso de humedad, cubriendo el 52,9% de la superficie. Pese a los retrasos, el rendimiento promedio se sostiene en 81,5 quintales por hectárea, augurando un volumen total de 64 millones de t, cifra notablemente superior a las 49 millones t del ciclo precedente. La concentración de embarcaciones a la espera de carga generó alzas coyunturales, aunque el incremento en el flujo de camiones tiende a normalizar el abastecimiento.

Por su parte, la soja muestra existencias y superficies levemente superiores a lo previsto en el norte del continente, con un 65% de los lotes en condición óptima justo al inicio de su etapa crítica. No obstante, la atonía en las adquisiciones por parte de China y la subutilización de las plantas de biodiésel siembran dudas sobre el dinamismo de la demanda. En las pampas locales, la cosecha ha concluido, pero la comercialización exhibe un marcado letargo: los agricultores retienen gran parte de la producción y solo se ha negociado el 25% de la misma.

Finalmente, el trigo se encuentra condicionado por la abundante oferta del hemisferio norte, donde la recolección avanza a ritmo firme en Estados Unidos y Europa, al tiempo que las proyecciones en Rusia se elevan a 91,2 millones de t. En Argentina, la implantación cubre el 80,9% del área proyectada bajo condiciones óptimas, lo que plantea el desafío de gestionar una elevada disponibilidad del cereal ante las escasas ventas del remanente previo.

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