El ambiente, en general y particular, está como dominado de una escena. El aire no es irrespirable, pero está caliente y muy seco. Esa incomodidad trae intolerancia a cualquier gesto, o tipo de esfuerzo extra. El cruce de alguna chispa es capaz de un incendio de proporciones. No importa de dónde provenga esa aridez. Es precisa la nota de que hay una percepción hostil y huele inflamable.

Sucede en el mundo por la invasión de Rusia a Ucrania, principalmente. Fuera de ello hay otras tensiones como así también aspectos básicos resueltos. En Argentina, que en cambio vive bajo crisis crónica, su presente no es una novedad. Esa apatía, sin embargo, tiene un escenario que está concitando las mayores miradas, porque esa sequedad que exhibe invita a una combustión peligrosa.

Sucedió en el 2008 cuando el Gobierno o la clase política no entendían una lección de anatomía básica al no distinguir entre empresarios y productores agropecuarios. Los primeros se aferran a una idea, en su riesgo, pero pueden venderla y hacer otra, y si no resulta propicio el contexto incluso puede mudarse de país. A los segundos los tiene el anclaje del terruño con el que se relacionan, pero hay algo más fuerte todavía: el cordón emocional sobre tal o cual rincón donde el padre o el abuelo inculcó el ADN intangible de pertenencia, capaz de despertar una guerra santa, como la que perdieron Cristina Fernández en la presidencia y Alberto Fernández, su entonces Jefe de Gabinete, que debió renunciar agobiado.

Actualmente la fórmula es al revés y quien se había mostrado agotado es el actual Presidente. En soledad íntima sabe cuánto ha costado aquél capítulo. Aunque ello traiga unidad a unos y otros, en el caso de esta pareja no ha evidenciado conformidad de entendimiento posible, o en cualquier caso esa alianza siempre es débil.

La noticia que hace este escenario es que la sociedad en general –quienes trabajan- ya no están dispuestos a tolerar más carga tributaria y los que otrora protagonizaron una causa tampoco. En aquél entonces había una bonanza financiera, pero también asoló una sequía fenomenal al campo cuando estaba dispuesto a servirse una compensación por los precios internacionales que le servían para acomodarse económicamente. El gobierno hizo lo imposible por malograr la suerte.

La cifra adiciona ahora u$s 410 M para las arcas del Gobierno este año y por aumentar dos por ciento los derechos de exportación a la harina y al aceite de soja buscando cerrar las cuentas fiscales, aduciendo que es para importar gas. Quizás sea la chispa a ese humor colectivo.

Golpea directamente al complejo industrial oleaginoso, que es el sector que más divisas liquida en toda la economía local. En octubre de 2020, Alberto Fernández restituyó un diferencial arancelario entre el poroto de soja y la harina y el aceite que le había quitado Mauricio Macri en agosto de 2018. Marchas y contramarchas sobre medidas y falta de previsibilidad que alteran los nervios.

A las puertas mismas de comenzar en pocos días la campaña de la cosecha gruesa que traerá mayor flujo de divisas que se hacen efectivas en Mayo, y por lo que no resulta en una medida adecuada al clima que se respira.

Por carácter transitivo atenta con la siembra de trigo, que comienza en mayo próximo. Tras un récord que no hace más que mostrar la capacidad productiva del agro plasmada en una cosecha de 21,8 M de toneladas significan ingresos por exportaciones sumando las de harina en la nada despreciable cifra de u$s 4.500.- M.

Pensar en la exacerbación de precios de los comodities por la invasión de Rusia a Ucrania, sin dejar de pensar en el costo de los fertilizantes, los analistas estiman que no se alcanzarán esta vez rindes semejantes, bajo este desaliento, para volver a destinar un esfuerzo similar al de la campaña pasada que cubrió 6,6 M de hectáreas. El clima ya asegura buenas condiciones para la siembra, no obstante.

El factor es político, entonces. Los productores ya no tienen ánimo y una porción está desencantada para abordar esfuerzos en protestar. Como sea, todo es posible, como una ruleta rusa.

Ya está en agenda la discusión sobre si es legal que el Gobierno pueda implementar tal medida, a falta de su potestad para aumentar los derechos de exportación. La Sociedad Rural Argentina (SRA) está iniciando acciones en la materia en razón de que el Poder Ejecutivo no votó esa normativa en la al tratar la ley de Presupuesto que incluía en uno de sus artículos la delegación de facultades del Ejecutivo al Congreso hasta 2024 para establecer cambios en la materia.

La SRA presentó en la Justicia un recurso de amparo para revocar esa posibilidad. La Comisión de Enlace ya está trabajando en los pasillos del Congreso golpeando las puertas de los legisladores, uno a uno. Como lo hizo en el 2008.

Las bases están inquietas y han puesto a trabajar la idea, que ya tiene estado público, para un tractorazo que el 23 de abril circule en el eje de Casa de Gobierno, el Obelisco y el Congreso. El caos en la ciudad se transformaría en agenda nacional y los productores se sentirían más fortalecidos. O acaso, se trate de una potencial chispa para el destrato a manos del Gobierno subiendo la temperatura.